La seguridad de tu dominio, vista desde fuera.
Revisamos tu dominio como lo vería cualquiera desde internet y te enseñamos el resultado en pantalla, explicado sin tecnicismos.
El resultado sale en pantalla en menos de un minuto. No hace falta dejar ningún dato para verlo.
Qué revisamos
Si alguien puede suplantar tu correo
Si un tercero puede enviar correos en tu nombre a tus clientes.
Tu web y su certificado
Si la web responde bien y el candado del navegador está en regla.
Lo que se ve desde internet
Qué servicios de tu empresa están a la vista de cualquiera.
¿Prefieres verlo con alguien? En una llamada de 30 minutos te explicamos el resultado y qué arreglar primero. Sin compromiso.
Pedir una llamadaDiagnóstico externo
tuempresa.es
Suplantación de tu correo
Web y certificado
Servicios visibles desde internet
El informe
Qué está bien y qué conviene revisar
Cada apartado con su estado y una frase que lo explica. Si hay algo que revisar, te decimos por qué importa y cómo se arregla.
- Te lo enviamos a un correo fuera de tu dominio
- Explicado sin tecnicismos
- Si algo está mal, te decimos cómo arreglarlo
El detalle
Las doce cosas que se miran, y qué significa cada una
Todo sale de información pública: lo mismo que puede ver cualquiera que se interese por tu empresa, incluido quien no debería. No se entra en ningún sitio ni se prueba ninguna contraseña.
1. Qué hay publicado en tu dominio
Las direcciones a las que apunta: la web, el correo y los servicios que tengas colgados.
Es el paso que decide si hay algo que analizar. Un dominio que no resuelve a ninguna dirección no está roto necesariamente, pero tampoco está sirviendo nada.
2. Quién figura como dueño, y cuándo caduca
A nombre de quién está registrado el dominio, cuándo vence y si tiene bloqueo de transferencia.
El dominio es la llave de la web y del correo, y casi nunca tiene dueño claro dentro de la empresa. Si está a nombre de un antiguo proveedor o caduca en tres meses sin renovación automática, eso se arregla con una gestión, no con un producto.
3. Si alguien puede escribir a tus clientes en tu nombre
Los tres registros que autorizan quién envía correo por ti: SPF, DKIM y DMARC.
Es el hallazgo que más se ignora. Sin ellos, cualquiera puede mandar una factura desde tu dirección a tu cliente, y el filtro de tu cliente no tiene con qué distinguirla. Se corrige publicando tres registros en el DNS, por fases.
4. El candado del navegador
Si el certificado es válido, para qué nombres sirve y cuántos días le quedan.
Es el único fallo de la lista que todos tus clientes ven a la vez: el navegador pone una pantalla roja entre tu web y quien quería entrar. Suele ser una renovación que dejó de ejecutarse.
5. Tu web, abierta como la abriría cualquiera
Si se puede entrar sin cifrar, si redirige bien, qué cabeceras de seguridad trae y cómo responde.
De dos peticiones salen media docena de cosas. La más común: la versión sin cifrar sigue respondiendo en vez de redirigir, así que hay dos webs donde debería haber una.
6. Qué se lleva tu web de quien la visita
Qué terceros cargan, qué cookies se ponen antes de aceptar nada y qué datos salen hacia fuera.
No habla de atacantes: habla de lo que tu web hace con los datos de quien entra. Es la parte que mira una reclamación de protección de datos, y la que casi nadie revisa después de instalar el aviso de cookies.
7. Con qué está hecha, y qué revela de más
El gestor de contenidos, el servidor y las versiones que la propia web anuncia.
Dos cosas a la vez: saber qué hay que mantener, y ver si la web está publicando su número de versión a quien pregunte. Lo segundo le ahorra el trabajo a quien busca una versión concreta con un fallo conocido.
8. Qué subdominios tienes publicados
Los nombres colgando de tu dominio que aparecen en registros públicos de certificados.
Es la pregunta que casi nadie sabe responder de su propia empresa. Suelen salir cosas olvidadas: una web de hace tres años, un entorno de pruebas, el panel de un proveedor que ya no trabaja contigo.
9. Si tu correo está en una lista de bloqueo
Si la dirección desde la que envías aparece en listas públicas de remitentes bloqueados.
Es el hallazgo con la consecuencia más inmediata y el más difícil de diagnosticar desde dentro: tus correos dejan de llegar y nadie te avisa. Desde fuera se ve en segundos.
10. Dominios que se parecen al tuyo
Variantes del nombre —una letra cambiada, un guion, otra extensión— que estén registradas.
Existe por un fraude concreto y muy español: el cambio de número de cuenta. Alguien registra un dominio casi idéntico, escribe desde ahí a quien te paga y cambia el IBAN de la factura.
11. Ficheros y paneles que responden y no deberían
Rutas que no están enlazadas en ninguna parte: copias de seguridad, ficheros de configuración, paneles de administración.
Si responden, están al alcance de cualquiera que pruebe la dirección. No hace falta entrar en ningún sitio para encontrarlas: se piden y contestan.
12. Servicios abiertos a internet
Qué puertos responden desde fuera y qué servicio hay detrás de cada uno.
Es el paso que produce el hallazgo más grave y más frecuente en una pyme: un escritorio remoto o una base de datos escuchando en internet abierto, normalmente porque alguien lo abrió «un momento» hace dos años.